12/08/2026
La situación económica de los jubilados volvió a quedar bajo la lupa. Un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) advirtió que las prestaciones previsionales todavía se encuentran por debajo del poder adquisitivo que tenían antes de diciembre de 2023.
Según el estudio, entre diciembre de 2023 y junio de 2026, una persona que cobró de manera ininterrumpida la jubilación mínima acumuló una pérdida de $2.721.627 en términos reales. El monto equivale a 5,75 jubilaciones mínimas vigentes en junio de 2026.
En el caso de quienes percibieron el haber medio, la pérdida alcanzó los $2.547.987, equivalente a 4,21 prestaciones de ese nivel.
El deterioro de los ingresos previsionales tuvo una consecuencia directa sobre el mercado laboral. De acuerdo con el informe de la UNDAV, entre el cuarto trimestre de 2023 y el primer trimestre de 2026, la cantidad de personas ocupadas mayores de 65 años aumentó 4,5%.
El incremento representa la incorporación de aproximadamente 27.000 adultos mayores al mercado de trabajo.
El estudio advierte que el problema no radica solamente en que más personas continúen trabajando después de alcanzar la edad jubilatoria, sino también en las condiciones laborales en las que se produce esa reinserción.
Una parte importante de estos trabajadores se desempeña sin aportes previsionales, cobertura ante accidentes laborales, vacaciones pagas ni licencias, según el relevamiento.
El informe también analizó el impacto de los bonos extraordinarios otorgados a los jubilados que cobran las prestaciones más bajas.
Según la UNDAV, esos refuerzos permitieron amortiguar parcialmente la pérdida de ingresos, pero su congelamiento nominal hizo que fueran perdiendo capacidad para compensar el aumento de los precios.
El documento sostiene que la recuperación parcial registrada durante 2024 y 2025 no permitió recuperar el ingreso real previo a diciembre de 2023.
En ese sentido, el informe plantea que una parte del proceso de consolidación fiscal se sostuvo sobre la reducción del valor real de las prestaciones previsionales.

Un informe de la UNDAV advierte que los jubilados todavía no recuperaron el poder adquisitivo que tenían antes de diciembre de 2023.
El deterioro de los ingresos también se reflejó en el nivel de endeudamiento de los adultos mayores.
En diciembre de 2024 había 1.143.000 personas mayores de 65 años endeudadas con Proveedores No Financieros de Crédito (PNFC).
La cifra aumentó hasta 1.269.000 en agosto de 2025 y alcanzó un máximo de 1.346.000 personas en febrero de 2026.
En apenas 14 meses, más de 203.000 adultos mayores ingresaron a estos circuitos de financiamiento, lo que representa un incremento del 17,7%.
Entre las entidades incluidas se encuentran financieras de consumo, mutuales y empresas comercializadoras que ofrecen créditos que, en muchos casos, tienen tasas superiores a las del sistema bancario tradicional.
De acuerdo con el informe de la UNDAV, el endeudamiento de los adultos mayores no está asociado principalmente a gastos extraordinarios, sino a la necesidad de cubrir consumos cotidianos.
Los créditos son utilizados para afrontar gastos vinculados con alimentos, medicamentos, servicios públicos y el pago de deudas anteriores.
El dato expone una de las principales consecuencias de la pérdida de poder adquisitivo: cuando los ingresos previsionales no alcanzan para cubrir las necesidades básicas, los jubilados recurren a nuevas fuentes de financiamiento para sostener el consumo.
El informe de la Universidad Nacional de Avellaneda muestra un escenario marcado por tres tendencias: pérdida del poder adquisitivo, mayor participación de adultos mayores en el mercado laboral y crecimiento del endeudamiento.
Mientras la jubilación mínima no logró recuperar el nivel real que tenía antes de diciembre de 2023, miles de adultos mayores se vieron obligados a complementar sus ingresos mediante el trabajo y, en otros casos, mediante créditos.
Los datos de la UNDAV reflejan así el impacto que tuvo la evolución de las jubilaciones sobre los ingresos de los adultos mayores y muestran que el deterioro previsional no se limita al monto de los haberes, sino que también repercute sobre las condiciones laborales y financieras de los jubilados en Argentina.
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