18/02/2026
La Unión Tranviarios Automotor enfrenta un escenario complejo en la antesala del paro general impulsado por la Confederación General del Trabajo contra la reforma laboral.
El gremio que conduce Roberto Fernández es estratégico para el éxito de cualquier medida de fuerza nacional: representa a choferes de colectivos urbanos y de media distancia, particularmente en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde la paralización del servicio impacta de forma directa en la actividad económica.
En los últimos años, la UTA registró conflictos internos y pérdida de cuadros sindicales en distintas líneas del transporte metropolitano. Parte de esos delegados se agruparon en la Unión de Conductores de la República Argentina, estructura vinculada históricamente a la Central de Trabajadores de la Argentina.
Esa reorganización sindical tuvo incidencia en empresas del Grupo DOTA, uno de los principales operadores del transporte urbano del país. La coexistencia de representación gremial en determinadas líneas derivó en conflictos de encuadramiento y disputas por legitimidad.
A esto se suman cuestionamientos internos por acuerdos salariales considerados insuficientes por sectores de base y reclamos por mayor nivel de confrontación frente a las cámaras empresarias del sector.
La UTA se distanció del congreso cegetista que consagró el actual esquema de conducción tripartita de la CGT. Sin embargo, mantiene diálogo institucional con la central obrera.
El transporte es un componente clave para la efectividad de un paro general. En experiencias anteriores, la adhesión o no de la UTA determinó el nivel de impacto real de la medida.
Dirigentes cegetistas confirmaron que, antes de anunciar la huelga, se realizaron consultas informales con sindicatos estratégicos del transporte -ferroviarios, metrodelegados, camioneros y colectiveros- para evaluar la viabilidad operativa de la protesta.
Desde el punto de vista formal, la conducción de la UTA conserva personería gremial y representación nacional del sector. No obstante, el grado de acatamiento efectivo dependerá de:
La alineación de delegados en cada empresa.
La coordinación con cuerpos de delegados en el AMBA.
La postura de empresas concesionarias del servicio.
El nivel de cohesión interna en las líneas donde existen disputas sindicales.
En conflictos recientes, el funcionamiento parcial del servicio estuvo vinculado a diferencias entre conducción nacional y bases.
El transporte automotor atraviesa además tensiones estructurales vinculadas a subsidios estatales, actualización tarifaria y paritarias condicionadas por la situación fiscal. Ese escenario incide en la negociación salarial y en la estrategia sindical.
Para la UTA, el paro general representa una instancia de definición: su adhesión plena podría fortalecer su rol dentro del esquema cegetista; un acatamiento parcial, en cambio, profundizaría los cuestionamientos internos.
La discusión excede la coyuntura de la reforma laboral. Se trata de la capacidad del gremio para:
Sostener representación efectiva en los lugares de trabajo.
Coordinar acción colectiva en un sector fragmentado.
Reafirmar liderazgo frente a estructuras alternativas.
El impacto del paro en el transporte urbano será un indicador concreto del grado de cohesión real de la organización.
COMPARTE TU OPINION | DEJANOS UN COMENTARIO
Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.