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En el Banco Hipotecario: de una reestructuración a sucursales sin trabajadores que paren

Desde mayo, La Bancaria enfrenta cierres de sucursales y despidos «injustificados» en el Banco Hipotecario. El conflicto se profundiza en las provincias, donde los trabajadores no tienen alternativas de reubicación.

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Por Admin5 min de lectura
JESSICA — foto de Paul Keller (licencia BY vía Openverse)
JESSICA — foto de Paul Keller (licencia BY vía Openverse)

Mientras la entidad financiera habla de reestructuración digital, trabajadores bancarios de todo el país descubren que el término funciona como eufemismo. En el Banco Hipotecario — una sociedad mixta del Estado con el grupo empresario IRSA de Eduardo Elsztain — la Asociación Bancaria encabezada por Sergio Palazzo lleva cuatro meses de conflicto sin que la conducción del banco muestre voluntad de negociar.

El drama comenzó en mayo cuando cerraron cinco sucursales: Luján, Junín, San Francisco, Tandil y la histórica sede de Tigre. Pero el cierre no fue lo más grave: lo que encendió el conflicto fue cómo se hizo. Sin telegramas formales que avisen a los trabajadores, sin notificaciones a los sindicatos, sin respuestas sobre qué pasa con los empleados después. Algunos sabían que los iban a relocalizarse, otros descubrieron que debían negociar sus propias indemnizaciones.

Cinco sucursales cerradas y sin cifras claras de despidos

La Bancaria denuncia el «cierre sistemático» de sucursales. No es retórica: el banco comunicó hace poco que bajaba persianas en varias ciudades más durante el año. A diferencia de otros ajustes que se anuncian en grandes medios, este fue silencioso — las sucursales de ciudades pequeñas desaparecieron sin que la mayoría de la población se enterase.

Desde la dirección del Hipotecario sostienen que es una reestructuración vinculada a los cambios tecnológicos y las nuevas modalidades de atención. Es decir: menos oficinas físicas, más operaciones por app. En teoría, suena razonable. En la práctica, para los trabajadores de Córdoba o Misiones significa quedarse sin empleo porque no hay otra sucursal donde reubicarse a cincuenta kilómetros a la redonda.

El interior del país, donde no hay segunda oportunidad

Éste es el verdadero punto de quiebre. En el AMBA, algunos trabajadores lograron relocalizaciones. En Tigre, el banco confirmó que reacomodaría a todos. Pero fuera de la capital, la historia cambió de guión.

En Misiones, dos empleados con más de 15 años en el banco fueron despedidos. Quedaron apenas seis trabajadores, cuatro de ellos sin saber si seguirían o se irían. En Córdoba pasó algo parecido — cierres sin alternativas. En Tucumán, el conflicto llegó al punto de quiebre esta semana: 14 trabajadores de la sucursal central enfrenten el cierre para el 28 de agosto. El sindicato convocó un paro total en todas las sucursales de la provincia ese mismo día — un paro de cierre de emergencia, no defensiva.

«Salvo la de Tigre, donde anunciaron que van a reubicar a todos, en las demás están apretando para que arreglen o está la posibilidad de que sean despedidos», dijeron desde La Bancaria. El lenguaje es crudo porque la situación lo es.

Cuando el sindicato actúa sin poder negociador

Lo preocupante no es solo que el banco cierre sucursales — eso sucede en industrias en transformación. Lo preocupante es que la dirección del Hipotecario mantenga el silencio. En mayo, La Bancaria convocó paros. Luego pidió audiencias. Después solicitó que el Ministerio de Trabajo mediara. Nada funciono. El banco simplemente no negocia.

En Tucumán, hace dos días, La Bancaria convocó a un paro total para esta viernes en todos los bancos de la provincia — no solo del Hipotecario — en solidaridad con los 14 compañeros. Es un gesto de fuerza que expone la debilidad: cuando el gremio necesita movilización provincial para que una entidad estatal escuche, el conflicto dejó de ser laboral para ser político.

Despidos que no parecen despidos

Aquí está lo que distingue este caso de otros ajustes. Los despidos no llegan con formales, sino con incertidumbre. Los trabajadores encienden la computadora y descubren que su sucursal no va a abrir más. Si son del interior, no hay oficina de traslado. Si son del AMBA, a veces sí. Si negocias bien con la dirección tal vez conseguís indemnización completa. Si no sabés cómo moverse sindicalente, cobras menos.

Es un despido difuso. Por eso La Bancaria lo denuncia como reestructuración encubierta — porque técnicamente la entidad puede afirmar que nunca despidió a nadie, solo «reestructuró operaciones». Los trabajadores saben diferente. Saben que el futuro es incierto.

La solidaridad bancaria como última herramienta

En Tucumán resolvieron convocar a un paro en todos los bancos de la provincia durante la primera hora de atención al público este viernes. La idea es que si el Hipotecario no escucha al gremio, que escuche el costo operativo. Que todas las otras entidades bancarias se paralicen una hora en solidaridad. Es una medida clásica pero efectiva: amplifica el conflicto de un solo banco al sistema financiero.

Desde La Bancaria dijeron: «La situación del Banco Hipotecario no es un problema de un solo banco. Cuando se pone en riesgo la fuente laboral de compañeros bancarios, la respuesta debe ser colectiva». Es decir, la palabra es que si no hay respuestas del Hipotecario en los próximos días, van a profundizar las medidas a nivel nacional.

¿Dónde queda el Estado en una sociedad mixta?

El Banco Hipotecario es una sociedad mixta — mitad Estado, mitad IRSA. Debería haber un Estado actuando como accionista, como empleador, como responsable de políticas de vivienda. Pero la dirección del banco actúa como si fuese 100% privada: toma decisiones unilaterales, cierra sin negociar, silencia a los sindicatos. El Estado, del otro lado, no aparece. No aparece mediando, no aparece exigiendo respuestas, no aparece ratificando que un banco de esas características tiene obligaciones distintas.

Para La Bancaria, eso es el verdadero problema. No es que un banco reestructure — eso pasa en empresas. Es que lo haga sin transparencia, sin consideración por trabajadores de ciudades pequeñas, sin que el Estado cumpla su rol.

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