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Lácteos Verónica vende sus dos plantas más importantes de Santa Fe en medio de una crisis que ya dejó a 300 trabajadores sin cobrar desde diciembre
La histórica empresa santafesina acordó la transferencia de sus plantas de Clason y Suardi por US$15,5 millones, aunque la operación queda sujeta a la autorización judicial en el marco del concurso de acreedores. La firma acumula un pasivo de $118.496 millones y miles de cheques rechazados, mientras los empleados denuncian el vaciamiento de la compañía.

Lácteos Verónica, una de las marcas históricas de la industria láctea santafesina, selló la venta de sus dos plantas más importantes de la provincia en medio de una crisis financiera que ya lleva más de un año. Los establecimientos de Clason y Suardi fueron comprometidos por un total de US$15,5 millones a las firmas Lacterra S.A.S. y Copalac S.A.S., respectivamente, en contratos firmados el 2 de julio. Sin embargo, la operación todavía no está cerrada: la ejecución quedó supeditada a la autorización judicial, ya que semanas después la compañía se presentó en concurso preventivo de acreedores con un pasivo que supera los $118.496 millones.
La empresa, controlada por la familia Espiñeira, acumula más de 2.900 cheques rechazados por más de $11.200 millones y una deuda bancaria de casi $4.745 millones, con el Banco Galicia como principal acreedor. A eso se suma el reclamo de unos 150 productores tamberos que denuncian una deuda de aproximadamente US$60 millones por leche cruda entregada y nunca pagada. Al 30 de junio, la compañía registraba un patrimonio neto negativo de $9.262 millones, un rojo que atribuye al derrumbe del consumo, el encarecimiento del crédito y la falta de capital de trabajo.
La operación generó fuertes sospechas entre los trabajadores y en el sector, porque las sociedades compradoras se constituyeron apenas días antes de cerrar los acuerdos: Lacterra el 19 de junio y Copalac el 11 del mismo mes. Ambos contratos son de producción "a fasón": las compradoras ponen la materia prima y se quedan con la propiedad de lo producido, mientras Verónica cobra solo un canon por procesar. La planta de Suardi ya funciona así hace quince días, en un "período de prueba", pero con apenas entre 12 y 18 trabajadores de los 85 que tenía. El sindicato ATILRA salió a marcar que se trata de una salida "coyuntural y provisoria" y sigue reclamando explicaciones a los dueños por los sueldos adeudados.
El cuadro de fondo es durísimo: los empleados de las tres plantas (Clason, Lehmann y Suardi) no cobran desde diciembre de 2025, se les debe el aguinaldo y denuncian que perdieron la obra social y los aportes jubilatorios. De una dotación de 700 personas, hoy quedan poco más de 300 repartidas entre las plantas en venta y una tercera que sigue inactiva: 140 en Clason, 85 en Suardi y 112 en Lehmann. La bronca derivó en protestas, acampes y quemas de gomas frente a las plantas. Un delegado de Lehmann lo resumió así en junio: "hace seis meses que no cobramos, la empresa sigue inactiva y los dueños totalmente ausentes". Para los trabajadores, la venta —ahora en manos de la Justicia— es la última chance de salvar algo, aunque la diputada Julia Strada ya advirtió que las maniobras de los dueños podrían configurar un vaciamiento deliberado.
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