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14 millones de afiliados, una brecha que no cierra: por qué las obras sociales no logran sostenerse
Aportes que no alcanzan, monotributistas que desfinancian el sistema y costos que suben más que los salarios: así funciona el mecanismo que llevó a cinco obras sociales a declararse en crisis hace poco más de tres meses.

A finales de mayo, la Superintendencia de Servicios de Salud tomó una decisión que no era nueva pero que seguía siendo un golpe: declaró en crisis a cinco obras sociales sindicales por irregularidades financieras y de cobertura. Entre ellas, la Obra Social de Serenos de Buques, la de Maquinistas de Teatro y Televisión, y otras tres ligadas a sectores diversos. La noticia pasó casi de largo. Pero debajo de esa resolución administrativa hay un problema sistemático que afecta a 14 millones de personas y que ningún gremio, ningún gobierno anterior ni el actual han logrado resolver: el sistema de financiamiento de las obras sociales sindicales está roto desde hace años.
La brecha que no cierra: cuánto entra versus cuánto se debe gastar
En abril de 2026, la CGT hizo público un número que resume toda la crisis: el promedio de recaudación en el sistema de obras sociales es de 67.525 pesos por beneficiario al mes. El Plan Médico Obligatorio, eso que la ley obliga a garantizar sin importar nada, cuesta alrededor de 85.000 pesos per cápita. Es decir, el sistema recauda casi 25 por ciento menos de lo que tiene que gastar. Todos los meses. Sin pausa.
No es un problema de administración incompetente, aunque también hay gremios que las conducen mal. Es una arquitectura financiera que nació asimétrica. Los aportes obligatorios del trabajador en relación de dependencia siguen siendo los mismos de hace décadas: 3 por ciento de su salario. El empleador aporta 6 por ciento. Eso es lo que sostiene la caja. Pero los costos de salud no crecen al ritmo de los salarios nominales: los medicamentos cotizan en dólares, los equipamientos médicos suben por encima de la inflación, la tecnología diagnostica es cada vez más cara.
Monotributistas: cuando el pobre financia al pobre
Hace años los gobiernos decidieron que los monotributistas también tuvieran derecho a cobertura médica. Eso está bien en la teoría. En la práctica, los monotributistas aportan mucho menos que un trabajador en relación de dependencia. La CGT denuncia que más de 9 millones de afiliados están por debajo del promedio de recaudación: casi el 67 por ciento del padrón de obras sociales sindicales. Muchos de ellos son monotributistas o trabajadores informales que lograron regularizarse. El resultado: las obras sociales tienen que subsidiar a este sector con los aportes de trabajadores formales. El dinero de unos termina financiando la cobertura de otros, y al final no hay suficiente para nadie.
Empleo que cae, aportes que se secan
Desde noviembre de 2023 hasta abril de 2026, Argentina perdió casi 330.000 puestos de trabajo registrado. La industria, la construcción y el comercio —justamente los sectores que generan empleo masivo— están contraídos. Menos trabajo formal significa menos aportes. Es simple: si hay menos trabajadores en blanco, hay menos dinero entrando al sistema de obras sociales. La CGT advirtió en abril que la destrucción del empleo impactó directamente en los ingresos del sistema. Pero el Gobierno no lo ve así: desde la administración Milei argumentan que el problema es estructural de administración, no de financiamiento.
Cuando el Gobierno audita y declara crisis
Las cinco obras sociales declaradas en crisis en mayo tenían que presentar un plan de saneamiento en 15 días. Balances vencidos, documentación financiera faltante, fallas en estadísticas médicas: esos eran los motivos de la intervención. Pero la medida es parte de una estrategia más amplia. Desde que asumió, la gestión libertaria profundizó auditorías y controles sobre el sistema sindical de salud. Si una obra social no logra revertir los indicadores críticos, el Gobierno puede avanzar con intervenciones, fusiones forzadas o hasta la baja del registro nacional. Eso significaría que cierra, y sus afiliados tendrían que buscar otra cobertura.
El menú que todos están obligados a ofrecer
La ley de obras sociales (23.660 y 23.661, vigentes desde 1989) obliga a cada entidad a garantizar el Programa Médico Obligatorio completo: prestaciones desde atención ambulatoria hasta internación, cirugías, medicamentos, rehabilitación. No hay escapatoria. Si una obra social no puede pagar, igual tiene que garantizar la cobertura. Eso crea un bucle: la entidad acumula deudas, entra en crisis financiera, no puede pagar a proveedores, baja su calidad de prestaciones, pierde afiliados que se van a otra obra social, y con eso pierde más ingresos. La crisis se profundiza.
¿Qué pueden hacer los trabajadores ahora?
Si trabajás en relación de dependencia, tenés derecho a elegir cualquier obra social sindical, aunque no pertenezca a tu sindicato. Esa es una conquista de los años 90. Pero cambiar de obra social no resuelve el problema: todas están dentro del mismo sistema roto. Algunos trabajadores optan por complementar con medicina prepaga si tienen recursos. La mayoría no tiene esa opción. Los gremios, por su parte, siguen reclamando una reforma integral: cambiar la estructura de aportes de los monotributistas, crear un fondo solidario de redistribución que efectivamente funcione, que el Estado financie parte de la brecha. Hasta ahora, eso no ocurrió. La CGT advierte que la crisis es terminal si no hay cambios. El Gobierno insiste en auditorías y control. Mientras, 14 millones de personas esperan que alguien resuelva por qué el sistema que nació para protegerlos ahora no se puede ni proteger a sí mismo.
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