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Argentina pierde su única fábrica de caucho: cómo 200 trabajadores quedaron sin protección
La conciliación obligatoria vencióa fines de agosto y Pampa Energía consumó el cierre de su planta en Puerto San Martín. Casi 100 obreros aceptaron retiros voluntarios tras negociaciones fallidas: una derrota para el Soepu que deja al país dependiendo de importaciones.

Pampa Energía confirmó el cierre definitivo de la planta de caucho sintético ubicada en Puerto General San Martín, la única instalación del país dedicada a esa producción. La decisión se conoció después de varias semanas de negociaciones entre la empresa y el Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos (Soepu), con intervención del Ministerio de Trabajo provincial. La conciliación voluntaria había sido prorrogada en distintas oportunidades, pero las partes finalmente no lograron acordar una alternativa que permitiera sostener la actividad.
El cierre marca el fin de una actividad industrial estratégica. Alrededor de 200 trabajadores quedaron alcanzados por el proceso. Cerca de 100 aceptaron acuerdos de retiro voluntario, mientras que otros 25 serán reubicados en distintas plantas de la compañía. Un grupo menor continuará vinculado a tareas de mantenimiento.
El gremio contra la pared: cuando la negociación llega tarde
Mauricio Brizuela, secretario general del Sindicato de Petroquímicos de Santa Fe, expresó: "Casi 100 compañeros tuvieron que agarrar el acuerdo, pero lo grave es que se quedan sin trabajo de calidad. Es un día triste". Sus palabras resumen el fracaso de una mesa de negociación donde el Soepu pidió mecanismos para preservar tanto la producción como los puestos. Pero cuando vencieron las prórrogas, la empresa ya tenía decidida la desvinculación en masa.
El sindicato denunció que la empresa cierra por la apertura indiscriminada de importaciones y lo caro que es producir hoy en el país, entre servicios e impuestos. La crítica no es nueva en el cordón petroquímico santafesino: varios cierres en los últimos meses comparten la misma lógica.
El efecto dominó: Fate cerró primero, el caucho quedó sin mercado
En febrero de este año, Fate, la histórica fabricante argentina de neumáticos, despidió a sus 920 empleados y cerró su planta de Virreyes. La salida de Fate del mercado eliminó uno de los principales compradores locales de caucho sintético y dejó sin sustento comercial esa línea de producción. Sin cliente, sin demanda interna sostenible.
La conexión entre ambos cierres es directa. Brizuela precisó: "Fate era uno de los mayores compradores de Argentina. Acá la producción era 50% al mercado nacional y el otro 50 se exportaba." Cuando Fate desapareció, ese mercado interno se evaporó y las exportaciones dejaron de ser rentables para competir contra productores mundiales.
Importaciones baratas versus producción local: la ecuación que no cierra
La unidad acumulaba pérdidas desde hacía más de diez años y, en los últimos meses, operaba por debajo de la mitad de su capacidad instalada. La falta de compradores locales terminó por acelerar una decisión que la empresa venía analizando desde hacía tiempo. Pero la empresa no la anunció así: en cambio, subrayó problemas de competitividad global.
El dilema de fondo es económico. Tras el apagado de los motores en la planta de Puerto General San Martín, todo el abastecimiento del mercado interno pasará a depender del ingreso de insumos traídos desde el exterior, principalmente de países como Brasil, Estados Unidos y naciones del sudeste asiático. Argentina perdió una capacidad productiva que será casi imposible recuperar.
Pampa Energía apuesta a otro lado: urea en Bahía Blanca
La decisión forma parte de una estrategia de asignación de capital orientada a concentrar inversiones en aquellos negocios donde Pampa identifica mayores oportunidades de crecimiento. La compañía trabaja para reubicar parte del personal en otros proyectos del grupo, entre ellos Fértil Pampa, la futura planta de urea que construirá en Bahía Blanca con una inversión estimada en 2.700 millones de dólares.
Brizuela cuestionó que Pampa Energía haya concretado una inversión vinculada a la producción de urea en Bahía Blanca y no en Santa Fe por la falta de disponibilidad de gas. Es el reproche de un gremio que ve cómo la empresa redirige recursos hacia proyectos más rentables, en otras provincias, mientras abandona un complejo industrial tradicional.
Tres meses de conciliación que no frenaron lo inevitable
El viernes 28 de agosto venció la conciliación voluntaria en el conflicto laboral. Tras semanas de incertidumbre y negociaciones se confirmó que no habrá prórroga ni nuevas instancias de diálogo, dando por concluida la disputa gremial. La intervención del Ministerio de Trabajo provincial no impidió el desenlace: la empresa logró su objetivo con retiros que, aunque indemnizados, significaron la salida de casi la mitad de su nómina.
La compañía cumplió con su meta de reducir la plantilla mediante acuerdos indemnizatorios: más de 100 trabajadores se acogieron al régimen de retiros voluntarios, mientras que únicamente entre 20 y 25 empleados lograron ser reubicados en otros sectores de la planta. Para el Soepu, es un escenario donde la negociación se transformó en gestión de la derrota.
Qué queda para los trabajadores y para Santa Fe
Los números son desalentadores. De 200 afectados, casi 100 se fueron con retiro. Solo entre 20 y 25 fueron reubicados en otras áreas. Un grupo menor seguirá en tareas de mantenimiento hasta marzo, cuando cese completamente la actividad. Para muchos de esos obreros, especialmente los de mayor antigüedad, significa el fin de una carrera en una industria que prácticamente desapareció del país en cuestión de meses.
Durante el conflicto, Soepu había reclamado mecanismos que permitieran preservar tanto la producción como los puestos de trabajo y alertó sobre las consecuencias que el cierre podría tener para el Cordón Industrial y para proveedores vinculados con la actividad petroquímica. Esa advertencia no se tradujo en presión estatal suficiente. Ni el gobierno provincial ni el nacional ofrecieron alternativas concretas. En Santa Fe, otro eslabón de la cadena petroquímica se rompió.
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